Artralgia: ¿qué es? Causas, síntomas y cómo tratarla

Artralgia

¿Artralgia, que es exactamente ? Aunque son especialmente frecuentes, hay que decir que los dolores articulares suelen tomarse muy a la ligera. En general, suelen producirse en la época de invierno, ya que los síntomas de muchas enfermedades articulares tienden a agudizarse. Sin embargo, el dolor articular, y la artralgia en particular, pueden aparecer prácticamente siempre y por diferentes causas.

En términos de estructura, la complejidad de las articulaciones, que permiten el movimiento de manos, pies, piernas y brazos, es bastante evidente.

Cada cápsula articular representa el punto de encuentro entre diferentes cabezas óseas: éstas pueden contar con un sistema de protección, todo ello basado en cartílagos, ligamentos y tendones. A la vista de los numerosos elementos que componen las articulaciones, cabe destacar que, por un lado, son muy resistentes, pero, por otro, parecen delicadas y frágiles.

Artralgia

¿Qué es la artralgia?

La artralgia es un trastorno que afecta a las articulaciones y que, entre el ardor y la hinchazón, puede provocar toda una serie de dificultades en el movimiento de las manos, los brazos, los pies y las piernas. La etimología viene del griego: arthto significa articulación, mientras que algos significa dolor.

En el caso de la artralgia, el dolor se relaciona con casos de inflamación de cartílagos, músculos, tendones, ligamentos y huesos. Este dolor articular no puede considerarse una patología real, como erróneamente se cree en el imaginario colectivo. Otra falsa creencia es que la artralgia sólo afecta a personas de cierta edad. Nada más lejos de la realidad. En realidad, la artralgia debe considerarse como la más clásica de las campanas de alarma, dispuesta a señalar algún tipo de mal funcionamiento articular.

En el caso de la artralgia, hay que tener en cuenta que el dolor que se siente puede ser leve o intenso. En el primer caso, se puede vivir con ello, mientras que en el segundo se convierte en algo serio, porque se restringe el movimiento. Y el problema se acentúa aún más si se tiene sobrepeso u obesidad.

Tipos de artralgia

Este dolor articular de naturaleza inflamatoria se presenta en diferentes tipos. Si, por ejemplo, la artralgia afecta a varias articulaciones al mismo tiempo, estamos ante un caso de poliartralgia. Si hay una articulación de tipo degenerativo, se trata de un caso de artrosis. En este caso, hay una pérdida del cojinete, presente entre los extremos de los huesos, en perfecta correspondencia con las articulaciones. Como resultado, los movimientos son significativamente menos fluidos. Sin embargo, los casos de artralgia tienden a aumentar con la edad. El cartílago se irrita más fácilmente. La consecuencia es un sinfín de dolores e hinchazones. Con la pérdida de cartílago, se produce un aumento de la fricción entre los huesos y una importante disminución de la movilidad articular. El dolor se vuelve entonces insoportable, sobre todo a medida que se acerca el final del día. En las primeras horas de la mañana, debido a la inactividad de las articulaciones, se produce una cierta rigidez, que dura unos minutos. En los casos más evidentes de artralgia inflamatoria, la rigidez articular puede durar unas horas.

En el caso de la artrosis, son las articulaciones laterales, es decir, los tobillos, las caderas y las rodillas, las que se ven afectadas. En cambio, en el caso de la artralgia inflamatoria, se ven afectadas las articulaciones pequeñas, es decir, las manos y los pies. Se siente una sensación de fuerte calor en ambos lados del cuerpo. En cualquier caso, el enrojecimiento y la hinchazón son más notables en el caso de la artrosis que en la artralgia inflamatoria.

¿Cuáles son los síntomas más comunes de la artralgia?

La artralgia presenta varios síntomas. El más obvio es claramente el del dolor. La intensidad varía según el caso. De hecho, puede ser leve, pero también grave. En cuanto a su aparición, puede aparecer de repente o durar años. Otros síntomas bastante recurrentes son el entumecimiento y el dolor, el ardor, el enrojecimiento, la hinchazón, el hormigueo constante, la escasa movilidad, el picor, la dificultad para realizar incluso movimientos relativamente fáciles, como los de flexión o los intensos.

Algo diferente ocurre en el caso de la fiebre. Todas las indicaciones están ahí para una enfermedad o infección sistémica. Lo mismo ocurre si se ven afectadas varias articulaciones.

¿Cuáles son las causas más comunes de la artralgia?

Como ya se ha señalado, la hinchazón y el dolor articular acompañan a la artralgia. Los ejemplos más comunes son los traumatismos, las lesiones, la artritis reumatoide, las enfermedades articulares, la gota, las lesiones articulares y diversas inflamaciones.

Por lo tanto, con este preámbulo, conviene hacer una aclaración. Las causas de la artralgia se dividen en dos categorías: por un lado, hay factores fisiológicos y, por otro, hay aspectos patológicos.

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Factores fisiológicos

Son factores relacionados con la condición física, la edad y el sexo. A veces, también tienen que ver con situaciones específicas, en las que el cuerpo tiende a acostumbrarse a una determinada velocidad. Lo que ocurre tras una caída accidental es un ejemplo especialmente bueno.

En general, se puede decir que estos factores coinciden con fases específicas de la vida, como el embarazo. El envejecimiento, que, como hemos demostrado, no es el único momento en el que se manifiesta el trastorno, es sin embargo una fase de la vida que se ve especialmente afectada por el dolor articular, porque los tendones y los ligamentos se desgastan más fácilmente.

Uno de los factores fisiológicos más importantes es, sin duda, el estrés elevado. Los estilos de vida ocupados y las tareas recurrentes conducen a un aumento del estrés. Como resultado, se produce una notable tensión de los músculos, causada por la producción de noradrenalina. Esta hormona activa el sistema muscular. Como resultado de la excesiva tensión, los músculos parecen estar mucho más fatigados de lo normal y, por tanto, no pueden sostener las articulaciones lo mejor posible.

También está el estilo de vida excesivamente sedentario. Los que estudian (o han estudiado mucho) y los que trabajan en el PC (o al menos pasan buena parte del día frente al ordenador), estando sentados muchas horas y con una espalda que, por (muy mala) costumbre, acaba doblada. Como resultado, hay una tensión muscular notable. El líquido sinovial tiende a disminuir ya que las articulaciones se mueven más raramente y, además, se produce un cierto debilitamiento de los músculos. Con la reducción de este lubricante natural, los cartílagos no son capaces de amortiguar la fricción de los huesos en sus cavidades tan bien como podrían. Como resultado, el dolor y la rigidez de las articulaciones es un problema recurrente.

Cabe señalar que después del embarazo, que ya se ha mencionado al principio, las personas sufren dolores articulares, debido tanto a los cambios en el sistema óseo como al aumento de peso.

Otros factores fisiológicos responsables de la artralgia son el síndrome premenstrual, una fase en la que existe un evidente desequilibrio hormonal. Lo mismo ocurre con la menopausia, donde el desequilibrio afecta a la progesterona y a los estrógenos. Como resultado, las articulaciones no se mueven tan bien como podrían. Además, los tejidos blandos, situados alrededor de las articulaciones, parecen más rígidos de lo que deberían.

Por último, hay un capítulo aparte para las lesiones deportivas. Suelen ser el resultado de sesiones de entrenamiento intensivas, en las que, dado el elevado ritmo, pueden producirse esguinces y distensiones.

Factores de carácter patológico

Pasando ahora a los factores de carácter patológico, hay que señalar que se refieren a toda una serie de estados alterados en los que la salud es la protagonista. Lo mismo ocurre con las enfermedades.

En este sentido, ¿cuáles son las patologías más comunes entre los dolores articulares como causa primaria? Cabe mencionar las enfermedades relacionadas con el sistema musculoesquelético: la osteoporosis, la artritis y la gota son ejemplos destacados.

¿Y toda una serie de cambios en el sistema inmunológico? Las enfermedades estacionales, las infecciones víricas y, por último, las alteraciones de todo el sistema inmunitario son algunos ejemplos clásicos que cabe mencionar.

La gripe tiene un impacto significativo en el dolor articular y muscular. Un evidente estado gripal provoca un fuerte desequilibrio entre el agua y las sales minerales del organismo.

Luego están las infecciones víricas que, cuando afectan al organismo, provocan una importante bajada de las defensas inmunitarias.

En definitiva, cada una de las causas patológicas mencionadas puede provocar un dolor articular que difiere tanto en frecuencia como en intensidad. El dolor articular en este caso va acompañado de un evidente estado de agotamiento.

¿Y la obesidad? En este caso, los dolores articulares son evidentes, sobre todo debido a la carga excesiva sobre las articulaciones. Las extremidades inferiores, como los tobillos, las caderas y las rodillas, son las que se ven más afectadas. ¿La razón? Tienen que llevar el doble del peso corporal real.

En cuanto a la enfermedad celíaca, siempre hay que señalar que la intolerancia al gluten no es algo fácil de identificar. Sin embargo, en relación con esta cuestión, basta con saber que la aparición del dolor articular puede producirse de forma rápida y repentina.

Las enfermedades reumáticas, que son una de las principales razones del dolor articular, y la psoriasis, que tiene que ver con las articulaciones, merecen un debate aparte. La artritis psoriásica suele denominarse artritis psoriásica y se presenta en forma de hinchazón de las extremidades o artralgia.

Artralgia: ¿cómo se puede tratar eficazmente?

Quienes padecen artralgias se preguntan con frecuencia si existe toda una serie de soluciones que pueden utilizarse en la comodidad de su hogar para tratar los dolores articulares leves. La respuesta a esta pregunta es sí. Hay varias formas de tratar la artralgia de forma eficaz.

El uso de un analgésico es la solución más práctica y más utilizada. En este sentido, dos medicamentos del calibre del naproxeno sódico o el ibuprofeno ayudan a garantizar resultados importantes. La sensación de frescura es siempre útil cuando se trata de combatir cualquier tipo de inflamación, como la artralgia, pero también los traumatismos debidos a un esfuerzo excesivo de las articulaciones. La capacidad vasoconstrictora del frío reduce la inflamación y la hinchazón, aportando beneficios evidentes. De hecho, la bolsa de hielo puede ser preferible en casos como los que acabamos de describir. Aplicar una bolsa con un par de cubitos de hielo en la articulación dolorida puede proporcionar una agradable sensación de alivio. La operación debe repetirse normalmente al menos dos o tres veces al día para obtener resultados reales.

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En la misma línea, también es posible tomar una ducha caliente o sumergir la zona dolorida en un recipiente con agua caliente. Esto no sólo mejora la circulación sanguínea, sino que también relaja los músculos.

Además, la bolsa de agua caliente ayuda a contrarrestar los fuertes dolores articulares, cuya causa principal es la tensión muscular. Lo mismo ocurre en la fase premenstrual: el calor de la bolsa de agua tiene un efecto vasodilatador único.

Los métodos de bricolaje, que a menudo se leen en Internet, deben descartarse desde el principio, ya que sólo corren el riesgo innecesario de empeorar el dolor que se siente al principio.

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¿Cuándo debo ir al médico?

Sólo en raras ocasiones el dolor articular puede ser tan insoportable que sea necesario acudir al médico. Sin embargo, sólo se trata de una situación de emergencia, ya que los dolores articulares leves pueden tratarse fácilmente en casa.

Sin embargo, si el dolor va acompañado de una hinchazón insoportable, un fuerte picor, un enrojecimiento evidente y unos sofocos considerables en las zonas afectadas, es aconsejable pedir una cita con el médico.

En caso de lesión, cuando se produce una deformación articular y la consiguiente incapacidad para utilizar la extremidad, que puede aparecer repentinamente hinchada y muy dolorosa, es conveniente ponerse en contacto con el médico.

El papel decisivo de la terapia conservadora

Una vez que se ha puesto en contacto con su médico para combatir eficazmente el dolor articular, se le suele remitir a un especialista, como un ortopedista. El primer paso es un examen especializado para identificar las principales causas del dolor. Sólo entonces se puede considerar seriamente el mejor tratamiento posible.

Al mismo tiempo, otro aspecto en el que debe hacer hincapié el especialista es en cómo mantener el dolor articular bajo control. Hay una serie de medidas que, si se siguen, pueden dar lugar a importantes mejoras en las articulaciones.

Lo primero y más importante es mantener una postura correcta. Hay que decir que hay muchos errores posturales. Sin embargo, cuando se producen, provocan toda una serie de problemas articulares que deberían evitarse, por decirlo suavemente. Una mala postura, por ejemplo, conduce al desarrollo de enfermedades como la artrosis y la artritis. Por lo tanto, las posturas no naturales a largo plazo plantean más de un problema.
¿Están la artralgia y el dolor articular relacionados con nuestra evolución?

Los orígenes de la artralgia y el dolor articular pueden ser muy variados. Hay muchas situaciones. En 2016, el investigador Paul Monk, del Departamento de Ortopedia, Reumatología y Ciencias Musculoesqueléticas de la Universidad de Oxford, realizó una interesante investigación: las causas del dolor articular podrían estar relacionadas con nuestra evolución.

En esta investigación, que ha quedado un poco relegada, se tomaron 300 especímenes de huesos de las colecciones de conocidos museos, como el Smithsonian Institution de Washington o el Museo de Historia Natural de Londres. La tomografía computarizada permitió recrear modelos tridimensionales con bastante fidelidad, de modo que fue posible investigar cómo han cambiado los huesos a lo largo de millones de años.

Lo que salió fue, como mínimo, sorprendente. Las principales articulaciones, hombro y cadera sobre todo, se vieron en la necesidad de cambiar drásticamente su estrato, para permitir al cuerpo disfrutar de la bipedestación. El grosor del fémur también aumentó significativamente.

Todo esto dio lugar a una cualidad distintiva: es el fémur el que ahora soporta el peso del cuerpo. Sin embargo, el nivel de movilidad de la articulación parece significativamente reducido. En consecuencia, el dolor de cadera es más frecuente. De hecho, la sensibilidad es mayor en estos casos.

En cuanto al grosor del hombro, hay que señalar que los investigadores constataron un claro estrechamiento de este espacio, por donde pasan los vasos sanguíneos y los tendones. De hecho, los tendones tienen más dificultades para moverse. Esto explica por qué los movimientos continuos de los brazos provocan fatiga y, a largo plazo, dolor.

De este valioso estudio se desprende que el dolor articular es esencialmente un resultado del proceso de desarrollo. Sobre la base de esta teoría, de hecho, se encontró un claro engrosamiento del cuello del fémur.

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Una mente sana en un cuerpo sano

Esta máxima demuestra que sigue siendo válida después de algún tiempo. Un estilo de vida sano, en el que no se plantean hábitos poco saludables, no puede hacer otra cosa que beneficiar a la salud del organismo. Y hay que prestar especial atención a la nutrición. Incluso las medidas más sencillas pueden ser útiles en casos de artralgia y dolor articular recurrente. Basta con un paseo de 30 minutos al aire libre, unos cuantos trotes en el parque, ir a pie o en bicicleta al trabajo en lugar de en coche. De este modo, un estilo de vida constantemente activo no hace más que centrarse en la movilidad de las articulaciones: los músculos se benefician y pueden mantener el peso del cuerpo bajo control. ¿El resultado final? Sus articulaciones parecerán fuertes y no habrá tensiones innecesarias por sobrecarga.

Vigila también lo que comes

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Diferentes localizaciones de la artralgia:

Cadera
Braquialgia
Tobillo
Rodilla
Manos
Pie
Muñeca
Hombro

Conclusiones

En conclusión, el dolor articular no difiere en función de la edad, el estilo de vida o el sexo. Las causas pueden ser muy diversas y los resultados varían de un caso a otro. El ardor, la hinchazón y la dificultad para moverse son fenómenos recurrentes. Por lo tanto, reconocer a tiempo la artralgia y cómo se manifiesta es de vital importancia para poder cuidar las articulaciones, en particular para saber qué tratamiento es el adecuado.